La esclavitud efectiva. Parte 1.


Las personas en las grandes ciudades se parecen a las hormigas, porque siempre están con prisa, corriendo como locas, por lo que muchas veces no se dan cuenta de lo bueno y hermoso que hay alrededor, dejan lo importante, se fijan en cosas inútiles y pierden el sentido de la vida.

PARTE 1: ¿POR DÓNDE EMPEZAR?

La mañana en una metrópoli es un ciclo interminable de personas. Ruido. Prisa. Caos. Todo el mundo va con apuro a su trabajo con muchos pensamientos en la cabeza. Las puertas del metro nos devoran y nos llevan al infinito. Los japoneses lo llaman ‘el estado de sushi’: los pasajeros se presionan unos a otros, como arroz, en un plato conocido en todo el mundo. Para una persona ajena a la cultura japonesa, para alguien que viene a este país por primera vez, le puede parecer que los japoneses trabajan 24 horas al día, 7 días a la semana, porque incluso más allá de medianoche los vagones del metro están llenos de gente en traje.

Constante presión, estrés, falta de sueño, horas extraordinarias y trabajo nocturno. Es interesante como estas personas pueden empezar cada día con una sonrisa y vivir más de cien años.

La respuesta está solo en una palabra, y esa palabra es “ikigai”.

Ikigai, es sentido de la vida y buen humor, algo por lo que te despiertas por la mañana – este es todo el secreto.

En la cultura japonesa, ikigai es una filosofía en la que están estrechamente entrelazadas cuatro áreas: algo que te guste; algo que hagas mejor que nadie; algo que necesita el mundo y las personas; algo por lo que estás cobrando.

Aquí tiene algunos pasos que te ayudarán a encontrar la armonía, no desaparecer en la rutina diaria y encontrar tu ikigai:

  1. Determina tu tipo de personalidad. Hacemos mejor lo que nos toca el alma.
  2. Piensa en quién sueñas convertirte. No leas la lista de profesiones populares, no escuches a nadie, mira dentro de ti mismo.
  3. Enumera tus conocimientos, habilidades, éxitos y logros. ¿Qué te hace especial?
  4. Haz listas para cada una de las cuatro áreas, encuentra intersecciones y encuentra la clave de tu alma.
  5. Piensa en lo que te enoja y molesta y trata de evitar tales situaciones en el futuro.

Hoy en día, los gadgets roban nuestro tiempo libre. Siempre tenemos prisa y no notamos muchas cosas buenas y hermosas. Espere un momento. Inhala profundamente y exhala lentamente. Sólo piensa en lo que estás haciendo. ¿Si eso es lo que realmente quieres? Un interés persistente y un deseo de hacer lo que te gusta te dan una sensación de satisfacción, tranquilidad y placer. Encuentra tu ikigai.

Y tú, ¿para qué te despiertas por la mañana? – pasó por la cabeza de Jess de camino al trabajo.

Si me hubiera preguntado sobre esto hace un año, le hubiera respondido automáticamente: traducciones, proyectos, plazos, fechas límites o ”deadlines” en Inglés, trabajo, trabajo, una infinidad de llamadas y mensajes, disponibilidad 24 horas al día, 7 días a la semana incluso durante las vacaciones y más cosas por hacer.

Pero esto es simplemente imposible ¿cuándo vives?, se podría decir. ¿Y tu familia, amigos, una taza de café con delicioso sabor a primeras horas de la mañana, patinar sobre hielo sábado por la tarde? Sinceramente, ya me olvidé de cómo es, pero me encanta patinar, ¿o no? ¿Cómo hablar de las cosas que no has hecho hace mucho tiempo?

Ha pasado exactamente un año desde que aprendí de nuevo a dormir bien, disfrutar de todos esos únicos sabores y aromas de café por la mañana, sentado ociosamente en una silla y leyendo el periódico, salir del trabajo a tiempo simplemente porque debería ser así, porque tengo mis propios intereses, familia, amigos – mi vida propia, que es mucho más que un trabajo.

Mi historia comienza aquí, cuando llegué por primera vez a la puerta de Jackson Clark, hace cinco años, pensé que los años que pasé aquí, en los pasillos de esa empresa, serían los mejores de mi vida, pero se convirtieron en una verdadera pesadilla. Ni siquiera sé si alguien leerá mi historia. Quizás tarde o temprano alguien la encuentre, dentro de cien años

El tema de la esclavitud y la libertad, en su totalidad, me resulta muy doloroso. Soy una persona que ha vivido la mayor parte de su vida en el siglo XXI y darme cuenta de lo que es esto es algo inimaginable. Por supuesto, no tengo derecho a compararme con quienes sufrieron la esclavitud, pero en un cierto sentido puedo tener alguna idea.

Bueno, ¿por dónde empezar? Mirándome al espejo veo a una mujer joven y bonita. Sus ojos marrones están enmarcados por largas pestañas, los labios son de color melocotón pálido, hay un ligero rubor en su rostro, su cabello castaño cae sobre sus hombros. Visto ahora con una camisa a cuadros y vaqueros. La piel parece brillar desde dentro.

Es sorprendente cómo en sólo un año de vida tranquila, nuestro cuerpo cambia y la apariencia está mejorando cada día. Hasta hace poco tiempo, mirándome al espejo, estaba consumida: un rostro pálido, mis ojeras decaídas y los ojos mostraban cansancio y perdidos en el vacío. Toda mi vida ha sido una fecha límite.

¿Cómo se siente uno al ver este enorme rascacielos de cristal e imaginar su interior? Es como una colmena, cientos de pisos y miles de oficinas. Cada uno de nosotros, al menos una vez en su vida, se imaginó a sí mismo como parte de este motor sin fin, el motor que te está comiendo vivo.

Cuando pasé por primera vez por la puerta principal de Jackson Clark ni siquiera podía imaginar qué terrible monstruo podría ser esta empresa, tampoco se ve el fraude que es desde fuera. Esclavitud efectiva, te devoran, extraen todo lo bueno de ti, chupan tu sangre, te rompen, transforman, zombifican, ensucian tu buen nombre y luego simplemente te escupen porque te consideran innecesario, según ellos.

Este transportador sin fin nunca deja de funcionar, porque ningún funcionario va a enfrentarse a los jefes ¿o van a enfrentarse? Las leyes siempre han existido y aunque a veces cambien siempre estuvieron ahí, pero hay y habrá personas que las violen. Pero no olvide que existe la verdad universal, que, a diferencia de las leyes, nunca cambia.

¿Recuerda que al principio le he hablado del ikigai? Hacemos mejor lo que nos toca el alma. Mirando hacia atrás, puedo decir con confianza que todos esos traductores y editores con los que logré trabajar y conocer durante estos 4 años son un tesoro invaluable. Personas con las que trabajé todos los días hombro con hombro, a quienes puedo llamar no sólo colegas, sino buenos amigos. Pensar en esto es lo que me dio la fuerza para despertarme por la mañana e ir a la batalla, y no sólo ir, sino finalmente ganar la victoria deseada. Después de todo, la ambición implacable siempre conduce a la autodestrucción.

Continuará…

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Estudiante de maestría de Iberistica (lengua española) en la Universidad de Varsovia. Actualmente estoy realizando mi tesis de maestría sobre traducciones literarias, e investigando los asuntos socio-políticos y económicos de España y países latinoamericanos.

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